Herpes Zoster

Herpes Zoster

El Herpes zoster es una infección aguda causada por el virus varicela-zoster. Afecta con la misma frecuencia a hombres y mujeres. El riesgo estimado de padecer herpes zoster en el transcurso de la vida es de 10 a 20% y las cifras se incrementan con la edad, sobre todo, en mayores de 60 años o personas con un sistema inmune alterado por alguna enfermedad o tratamiento médico.

En niños suele ser un proceso benigno, se reconocen dos factores de riesgo para el zoster en la infancia: la varicela materna, durante el segundo trimestre del embarazo, y la varicela, durante el primer año de vida. En el 4% de los casos reaparece un segundo brote de herpes zóster.

Los pacientes con mayor riesgo para padecer esta enfermedad son pacientes que se encuentran con alguno medicamento inmunosupresor, diabetes mellitus descontrolada, cáncer o pacientes trasplantados.

El virus varicela zoster es causa de dos padecimientos diferentes. En el primer contacto de la persona con el virus (primoinfección) se manifiesta como varicela, una enfermedad contagiosa y generalmente benigna que afecta más a niños susceptibles. La vía de entrada es la mucosa de las vías respiratorias superiores o la conjuntiva (ojo) y, una vez que el virus ha ingresado al organismo, se produce la replicación del virus inicial en los ganglios linfáticos regionales, lo que da lugar a la viremia primaria que disemina al virus con replicación en el hígado y el bazo.

La viremia secundaria transporta los virus a los ganglios de las raíces dorsales, en este sitio, se replican y quedan latentes. En el momento en el que el sistema de defensa del organismo bajo por alguna enfermedad (estrés, infección), el virus se activa y la reactivación del virus latente de varicela zoster da lugar a la erupción cutánea localizada llamada herpes zoster.

Las lesiones cutáneas se manifiestan como “vejiguitas con agua” o “ampollitas”, que confluyen con aspecto de racimos de uvas sobre una base enrojecida dejando costras al secarse. Se distribuyen en franja sobre un dermatoma o trayecto de la piel por donde corre un nervio. Inicialmente puede empezar una “sensación ardorosa” o “dolorosa” y, posteriormente, aparecer las lesiones cutáneas. La duración suele ser de dos a tres semanas.

Las zonas donde se presenta con mayor frecuencia es en el tórax o espalda, seguida de región lumbar, cara (trigémino) y cuello. Cuando se afecta la primera división del trigémino, la erupción característica afecta la frente, el área periocular y la nariz. La erupción aparece de manera proximal y, en forma distal, se disemina progresivamente sobre el dermatoma afectado. La zona que afecta es unilateral y no cruza la línea media; suele afectar un solo dermatoma, pero en 20% de los casos puede afectar hasta tres dermatomas.

Las complicaciones más frecuentes son la neuralgia postherpética o síndrome doloroso recurrente (dolor de más de tres meses), después, la diseminación (25-50 vesículas a distancia del territorio afectado) y la sobreinfección bacteriana. La afectación visceral es una complicación rara (inferior al 1%).
 Las más graves, que pueden incluso causar la muerte, son la encefalitis de vaso pequeño, neumonía o vasculopatía trombótica cerebral.

El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración física del paciente, el cual debe ser realizado por un médico especialista. Para un diagnóstico definitivo se necesita el aislamiento del virus en las muestras de tejido de las lesiones cutáneas. La realización de serologías es uno de los métodos más seguros para establecer el diagnóstico definitivo. Esta prueba sirve para confirmar si, en la sangre del paciente, existen anticuerpos específicos contra el virus varicela-zóster.

El tratamiento tiene como objetivo minimizar el dolor, acortar la duración de los síntomas y reducir el riesgo de neuralgia posherpética. El manejo del paciente con herpes zoster debe cubrir dos aspectos: el sintomático (ya sea local, sistémico o ambos) y la administración de antivirales (Aciclovir), los cuales no reciben tratamiento o lo reciben de forma incorrecta y se tienen riesgo de sufrir complicaciones graves que pueden ocasionar secuelas funcionales, anatómicas y estéticas.


Dra. Claudia Baños Segura
Dermatóloga
(CED. 6417725)
Tel. 155 2300 2594
clabase@hotmail.com


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