
Los «lunares», llamados médicamente nevos, son crecimientos benignos de la piel que se forman cuando los melanocitos, las células encargadas de producir el pigmento, se agrupan. Pueden observarse como manchas redondeadas o como lesiones sobreelevadas. Además, pueden presentar distintos colores, como café claro, café oscuro, azulado o negruzco, o incluso no tener pigmento y ser del color de la piel o rosados.
Por fortuna, la mayoría de los lunares en la infancia son comunes y benignos. Para darles un mejor seguimiento, es útil conocer su clasificación, que los divide en congénitos o adquiridos, según el momento en que aparecen.
Los nevos congénitos están presentes desde el nacimiento o aparecen durante los primeros dos años de vida. En cambio, los nevos adquiridos surgen de forma gradual conforme el niño va creciendo.
Todos los nevos, ya sean congénitos o adquiridos, deben recibir seguimiento dermatológico cada 6 a 12 meses. Durante la consulta, el dermatólogo los evalúa con un instrumento llamado dermatoscopio, que permite observar las lesiones con mayor aumento e identificar estructuras o cambios sutiles que no son visibles a simple vista.
Los nevos melanocíticos congénitos, especialmente los de mayor tamaño, son los que requieren una vigilancia más estrecha.
Existen algunos signos de alarma, tanto en los nevos congénitos como en los adquiridos, que pueden ayudar a identificar cuándo es necesario acudir a una valoración médica.
¿Cuándo debemos preocuparnos?
En los adultos se utiliza el acrónimo ABCD para identificar datos de alarma de melanoma. Sin embargo, estos criterios no siempre son aplicables en niños, por lo que se propuso un acrónimo adaptado para la población pediátrica:
- A: Amelanótico, es decir, un lunar sin pigmento o de color rojizo.
- B: Bordes irregulares, presencia de relieve («bulto») o sangrado (bleeding).
- C: Color uniforme. A diferencia de los adultos, en los niños un lunar con color uniforme también puede requerir valoración, ya que la regla de los múltiples colores no siempre aplica.
- D: Aparición de un lunar nuevo, independientemente de su diámetro.
- E: Evolución rápida.
La evidencia científica ha identificado diversos factores relacionados con la aparición de nevos y con un mayor riesgo de desarrollar melanoma. Entre ellos se encuentran la exposición al sol, haber presentado tres o más quemaduras solares, la edad, la predisposición genética (antecedentes familiares de cáncer de piel), el fototipo y tener un número elevado de nevos.
El principal factor de riesgo continúa siendo la exposición solar durante la infancia y la tendencia a presentar quemaduras solares. Además, un niño con una gran cantidad de lunares, especialmente si son muy numerosos, puede tener un mayor riesgo de desarrollar melanoma en etapas posteriores de la vida.
Por ello, la mejor estrategia sigue siendo la fotoprotección. Se recomienda utilizar medidas de protección física, como sombreros, sombrillas y lentes de sol, además del uso adecuado de protector solar, reaplicándolo aproximadamente cada tres horas cuando exista exposición prolongada al sol.
Si tu hijo o hija presenta alguno de estos cambios, acude a valoración médica. Recuerda que la mejor herramienta siempre será la prevención y la detección oportuna.



















