
El cáncer de piel es el tipo de cáncer más común y puede afectar a personas de todos los tonos de piel. Las personas con piel clara son más susceptibles a desarrollar alguna forma de cáncer de piel porque producen menos pigmento. Sin embargo, también puede aparecer en personas de piel oscura y en aquellas que no han tenido una exposición solar significativa.
La mayoría de los casos de cáncer de piel son provocados por la exposición excesiva a los rayos ultravioleta (UV) del sol, de las camas bronceadoras o lámparas. Estos rayos UV causan daño en la piel, ya sea en forma de quemaduras solares o, con el paso del tiempo, acumulando daño que provoca cambios en la textura de la piel, envejecimiento prematuro y, en ocasiones, cáncer.
Los cánceres de piel también pueden aparecer años después de haber recibido tratamiento con radioterapia, quimioterapia o tras la exposición a sustancias cancerígenas, como el arsénico. Aunque algunos de estos tratamientos son necesarios para tratar otras enfermedades, quienes hayan estado expuestos a ellos deben realizar revisiones periódicas de su piel y conocer los signos de alarma para detectar lesiones cancerígenas a tiempo.
Prevención
Es posible reducir el riesgo de padecer cáncer de piel limitando o evitando la exposición a la radiación ultravioleta (UV):
- Evita el sol directo: busca la sombra y minimiza las actividades al aire libre entre las 10:00 a.m. y las 4:00 p.m. También es recomendable evitar el uso de cabinas de bronceado.
- Usa ropa protectora: como camisas de manga larga, pantalones y sombreros de ala ancha.
- Aplica protector solar: con un factor de protección solar (FPS) de al menos 30 y reaplícalo cada 2 a 4 horas.
Las personas deben revisar regularmente su piel y acudir al dermatólogo si notan alguna lesión cutánea inusual, nueva o que haya cambiado. Además de las revisiones personales, se recomienda una revisión anual de rutina como parte de la prevención en un consultorio dermatológico.



















