Linfomas cutáneos, ¿qué son y cuáles son los más frecuentes?

El cuerpo humano está compuesto por diferentes tipos de células. Aproximadamente el 20% de los glóbulos blancos en la sangre son linfocitos, de los cuales existen tres tipos: linfocitos B, linfocitos T y células citolíticas. Los linfocitos B forman anticuerpos para combatir las infecciones; los linfocitos T entre las muchas funciones que tienen, una de ellas es la de ayudar a los linfocitos B. La mayoría de los linfocitos se encuentran en el sistema linfático, el cual forma parte del sistema inmunológico del cuerpo. Los linfomas, se pueden originar en cualquiera de estos tipos de linfocitos. En la piel, los linfomas de células T son los más comunes.

Los linfomas cutáneos son un tipo de cáncer de piel. Normalmente en el cuerpo hay un equilibrio en el cual las células nuevas sustituyen a las viejas y cada célula realiza sus funciones específicas, asegurando que el cuerpo funcione correctamente. En el linfoma, los linfocitos malignos (células cancerosas) se multiplican en forma descontrolada. Se clasifican según su origen en T o B así como de acuerdo a las manifestaciones y forma de presentación. Afectan aproximadamente de 0.3 a 1 personas por cada 100,000 habitantes; donde el 65% corresponden a linfomas de células T, el 25% a linfomas de células B y el 10% a formas mixtas. Aquellos de células T aparecen generalmente entre los 50 y 60 años y son dos veces más frecuentes en el sexo masculino que en el femenino. Si bien esta enfermedad es menos común en niños puede afectar a personas de cualquier edad.

Aún no se conoce la causa exacta que lleva a su desarrollo, sin embargo se sabe que ciertos factores contribuyen tales como:
1) Factores genéticos.
2) Factores ambientales e infecciosos.
3) Factores inmunológicos.

Por lo general, aparecen lesiones en la piel sin otras manifestaciones en el cuerpo, no son contagiosos y conforme la enfermedad avanza puede ir afectando ganglios así como otros órganos del cuerpo. En cualquiera de sus variantes, el diagnóstico requiere confirmación mediante una biopsia y lectura por un patólogo. En ocasiones es necesario tomar más de una muestra cutánea para poder localizar las células que caracterizan a la enfermedad. Además se requiere de técnicas específicas para poder clasificar de manera correcta el tipo de linfoma y con esto determinar el pronóstico y tratamiento adecuados. Por ello, en el abordaje y tratamiento de los linfomas cutáneos se requiere de un equipo de varias especialidades para su correcto manejo. A continuación se mencionarán los más frecuentes:

Micosis fungoide. Es la forma más frecuente de linfoma cutáneo de células T. Recibe su nombre ya que en la etapa de tumores estos pueden semejar hongos, sin embargo no tiene relación infecciosa con éstos. La enfermedad evoluciona en tres etapas: macular (o en manchas), en placa y estado tumoral. La extensión de la enfermedad puede ser variable, así como la afectación de otros órganos; inicialmente presenta una progresión muy lenta. La mayoría de los casos comienzan con piel seca y un sarpullido rojo, con o sin picazón.

Síndrome de Sézary. Síndrome en el cual la piel se ve de color rojo (eritrodermia), existe mucha comezón, tanta que en ocasiones puede afectar el sueño, descamación de la piel, crecimiento de ganglios y presencia de células de Sézary (células T malignas). Afecta a personas de la tercera edad de ambos sexos. También se puede observar engrosamiento de la piel a nivel de palmas y plantas. En las etapas avanzadas, los tumores de la piel pueden ulcerarse e infectarse.

Los linfomas de células B. Se pueden ver en la piel como elevaciones, tumores o placas; solitarias o en grupos, rodeadas de zonas rojas o violáceas; el crecimiento es lento y por lo general es raro que afecten otros órganos. En la mayoría de los casos, los pacientes con este tipo de linfoma responden bien al tratamiento y tienen resultados relativamente favorables. La única excepción es un tipo muy poco común llamado “linfoma difuso de células B grande, tipo pierna” el cual se comporta en forma agresiva y requiere también de una terapia agresiva.

Es importante evaluar aquellas lesiones nuevas, de características llamativas o diferentes que aparezcan en la piel. Especialmente aquellas que no desaparecen, o que por el contrario, crecen o bien que comiencen a tener alteraciones como ulceración, sangrado o infecciones.

 

Dra. Aline Esther Baeza Echeverría.
Dermatóloga y Cirujana dermatóloga
(CED. prof. 8929841)
alinebaeza@gmail.com

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.

*