
El sarampión, aunque parecía olvidado y erradicado, sigue siendo una enfermedad muy contagiosa y potencialmente grave que aún existe. Afortunadamente, es prevenible casi por completo gracias a la vacuna.
El contagio ocurre por gotitas respiratorias al toser, estornudar o hablar. Una persona con sarampión puede transmitir el virus incluso antes de que aparezca el sarpullido, lo que facilita su propagación en escuelas, guarderías y hogares.
Los primeros síntomas suelen parecer un resfriado: fiebre alta, tos, escurrimiento nasal y ojos rojos. Después de unos días aparece un sarpullido característico que inicia en la cara y detrás de las orejas, y luego se extiende al resto del cuerpo.
En la mayoría de los casos, el sarampión se resuelve con reposo e hidratación; sin embargo, puede causar complicaciones, especialmente en menores de cinco años, como neumonía, infecciones del oído, diarrea severa o inflamación del cerebro. Estas complicaciones pueden poner en riesgo la vida.
La transmisión es por vía respiratoria. Una persona infectada puede contagiar a muchas otras en espacios cerrados; se dice que es tan contagioso que puede permanecer hasta dos horas en el aire y recorrer varios metros a su alrededor.
Situación actual en México
México interrumpió la transmisión endémica en los años 90 gracias a altas coberturas de vacunación; sin embargo, ha presentado brotes debido a la disminución de estas coberturas y a casos importados. Un brote reciente se ha concentrado en Chihuahua, sobre todo en comunidades con muy baja vacunación; más del 90% de los enfermos no tenía dosis documentadas de la vacuna triple viral (SRP).
Encuestas nacionales muestran que la mayoría de la población tiene defensas, pero los más susceptibles son los niños pequeños y los adultos jóvenes, especialmente en lugares donde la vacunación se retrasa o no se aplica la segunda dosis.
Vacunación y protección
El esquema mexicano incluye dos dosis de la vacuna SRP, que es altamente efectiva y segura, sin relación con el autismo. La vacuna triple viral (sarampión, rubéola y parotiditis) se aplica en dos dosis durante la infancia. Vacunar no solo protege a cada niño, sino también a la comunidad, incluyendo a quienes no pueden vacunarse por razones médicas.
¿Qué debe hacer la población?
- Verificar cartillas y completar esquemas en niños y adultos jóvenes (10–39 años).
- Vacunarse antes de viajar al extranjero si no se cuentan con dos dosis.
- Acudir de inmediato a servicios de salud ante fiebre, tos y ronchas, evitando el contacto con otras personas.
Si un niño presenta fiebre y sarpullido, es importante no automedicarlo y acudir al médico. La detección temprana ayuda a evitar complicaciones y a reducir contagios.
En resumen, el sarampión es una enfermedad prevenible. Informarse, vacunarse y actuar a tiempo salva vidas.



















